a Orfeo. Hades acepto, sin antes advertirle que no intentara ver a su esposa, hasta que hayan llegado a la luz del sol. Orfeo, al regresar con Euridice, sentía mucha impotencia el no poder verla, y al ser ella un alma que no respiraba ni se oía sus pasos, comenzó a dudar si ella en verdad lo acompañaba, y en el momento en que estaban a punto de abandonar las profundas oscuridades, Orfeo no pudo soportar la tentación y se volvió para mirarla, pero cuando esto ocurrió, Eurídice fue arrastrada otra vez hacia Hades por no cumplir con su promesa. Orfeo, resignado, regresó a la Tierra solo y desamparado, sin su amor, sin motivación de hacer la divina música que él solía hacer.
ver El Narrador de Cuentos, Orfeo y Eurídice
a Orfeo. Hades acepto, sin antes advertirle que no intentara ver a su esposa, hasta que hayan llegado a la luz del sol. Orfeo, al regresar con Euridice, sentía mucha impotencia el no poder verla, y al ser ella un alma que no respiraba ni se oía sus pasos, comenzó a dudar si ella en verdad lo acompañaba, y en el momento en que estaban a punto de abandonar las profundas oscuridades, Orfeo no pudo soportar la tentación y se volvió para mirarla, pero cuando esto ocurrió, Eurídice fue arrastrada otra vez hacia Hades por no cumplir con su promesa. Orfeo, resignado, regresó a la Tierra solo y desamparado, sin su amor, sin motivación de hacer la divina música que él solía hacer.
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